¿Merece la pena emprender?

Dentro de poco será nuestro primer aniversario y, últimamente, no dejan de venirme a la mente recuerdos sobre esos momentos previos en que solo unas pocas personas sabían de nuestra existencia y esto no era más que un proyecto que no sabíamos si llegaría a alguna parte.

Si pienso en todo el proceso que vivimos, me entra vértigo.

No es fácil emprender, empezar un proyecto de la nada e intentar sacarlo adelante. Entran tantos factores en juego que apenas alcanzas a visualizarlos todos y ni te imaginas cuántas van a ser las dificultades que vas a encontrarte por el camino. Incluso cuando piensas que lo tienes todo controlado, llega algo que te trastoca y te hace girar 180 grados tu idea sobre el proyecto.

El proceso es un continuo amoldarse a los imprevistos, remar hasta que parece que no te quedan fuerzas y vas a acabar ahogada antes de llegar a la orilla.

Qué negativo suena todo, ¿no? ¿Merece realmente la pena?

Cuando echo la vista atrás y pienso en todo ese proceso, en las veces que he pensado que no podía y me entraban ganas de abandonar, me sale una sonrisa melancólica y me imagino abrazando a esa chica que creía que no llegaría a la fecha de lanzamiento que se había propuesto, le digo que todo saldrá bien, que siga luchando, que esto le va a dar muchas alegrías, que el camino es duro pero le va a llevar a alguna parte.

Y es que, al fin y al cabo, aquí estamos, después de la tormenta vino la ansiada calma.

Emprender es difícil, mucho, pero creo que me habría arrepentido muchísimo de, al menos, no haberlo intentado. A veces no nos lanzamos al vacío porque partimos de la idea de que vamos a fracasar o que no va a servir para nada el esfuerzo, que es mucho riesgo y poco el beneficio. Pero ¿cuántas oportunidades perdemos por no lanzarnos, por no subirnos al tren?

No creo que perder un tren sea algo catastrófico. Pienso que la vida es una estación en la que continuamente pasan trenes, algunos son personas y otros proyectos, algunos tienen un recorrido más largo y otros más corto, pero todos van a alguna parte, todos te hacen recorrer un trocito de este bonito viaje.

No podemos coger todos los trenes que pasan ante nosotros y no importa, a veces no es el momento y otras tantas no apetece, no es nada malo. Pero, oye, no está nada mal subirse a uno de vez en cuando y probar a ver dónde te lleva, sentir la experiencia y darte la hostia si hace falta.

Vivir, al fin y al cabo.

Por eso te animo a ello. Quizá tengas un proyecto a medias que no sabes si arrancar, tal vez esa idea que te ronda la cabeza puede ser muy valiosa para alguien o, hablando de literatura, ese manuscrito que tienes guardado en el cajón puede ser una historia que alguien se lleve consigo para siempre. Creo que, a veces, es mejor lamentarse por lo mal que ha salido algo que por no haberlo intentado. Lo primero lo sueles olvidar con facilidad, lo segundo, normalmente, se queda rondando en la cabeza más tiempo del deseado.

Si lo haces, yo estaré encantada de que me cuentes tu experiencia, que compartamos vivencias sobre este difícil mundillo y nos apoyemos la una a la otra, pues en estos casos la ayuda mutua es la mejor manera de progresar.

Yo, mientras tanto, seguiré luchando para que esto salga adelante, pues el arte de emprender requiere, para bien o para mal, la constante batalla, el no desfallecer y estar siempre al pie del cañón.

Y créeme, la mayoría de veces la respuesta es sí.

Sí que merece la pena.

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